Como en Gran Hermano, pero sin consentimiento: un santafesino alquiló una casa con amigos y la dueña los espiaba con cámaras de seguridad

Juan Pablo García alquiló una casa por tres días en Buenos Aires con diez amigos, pero la estadía se volvió una pesadilla. «No nos vamos a olvidar», dijo en AIRE. La dueña los espiaba con cámaras de seguridad, los escuchaba y les hacía reclamos.

Gran Hermano pero sin consentimiento, Hace unas semanas, Juan Pablo García, de 34 años, alquiló una casa en Buenos Aires para quedarse con diez amigos durante tres días. El motivo fue la culminación de un posgrado. Pero fueron 72 horas para el olvido: la dueña los espió durante toda la estadía y les enviaba mensajes a cada rato. La vivienda fue alquilada a través de la empresa Airbnb y la propietaria, llamada Carmen, vive en Alemania.

Gran Hermano pero sin consentimiento

Juan Pablo y sus amigos sabían de la existencia de cámaras de seguridad adelante y atrás de la enorme casa, pero jamás sospecharon que, a través de las varias cámaras que tenía la casa, la dueña los iba a ver y a escuchar todo el tiempo, reprochándoles cosas. 

«Era una casa espectacular. Tenía un quincho atrás, como ocho dormitorios y una sala de juegos», contó Juan Pablo este viernes en Creo, el programa de José Curiotto en AIRE. «El jueves a la noche hicimos un asado y después vinieron cuatro amigos del máster. Teníamos música de fondo con un parlante. De golpe, nos llega un mensaje de la dueña diciendo ‘me avisó una vecina que están haciendo una fiesta, se tienen que ir ahora de la casa’. Le dijimos a la gente que se vaya», relató.

Gran Hermano pero sin consentimiento

Al día siguiente, los inquilinos acomodaron la casa e hicieron un comentario, en tono de broma, sobre que iban a desconectar las cámaras. «Cuando estábamos en la casa nos llega un mensaje diciendo ‘che ahí los escuché diciendo algo de que van a desconectar las cámaras'», contó Juan Pablo, denunciando que la mujer no sólo los veía, sino que escuchaba sus conversaciones privadas

El último día de estadía, un sábado, Juan Pablo y sus amigos salieron a un bar. Al regresar a la casa, volvieron a hacer una broma sobre las cámaras de seguridad. «Uno de los chicos dijo medio en joda ‘¡hay Carmencita!, ¡hay Carmencita!’, como diciendo ‘¿nos estará escuchando?», en referencia a la dueña. A la mañana siguiente, la mujer les envió otro mensaje en donde les reclamaba que se habían estado «burlando» de ella. «Ahí di dijimos ‘pará, ¿qué le pasa a esta?’. Dijo que a las 11 nos teníamos que ir y le pedimos que nos espere hasta las 11.15 para ordenar», contó el joven en AIRE.

Los chats que la dueña de la vivienda les enviaba a los inquilinos quejándose, tras espiarlos.

«Antes de irnos, le mandamos las fotos de los ocho dormitorios para decirle ‘mirá, está todo bien, un poco desordenada la cocina’. Le dije que la pasamos muy mal porque nos sentíamos espiados. Esto no sé si no es un delito penal y ahí nos dijo ‘bueno y ustedes se van tarde», relató Juan Pablo. El inquilino y sus amigos dejaron la casa a las 11.40. 

Cuando regresaron a sus casas, la empresa Airbnb les envió un mensaje en donde les avisaba que la dueña, Carmen, les pedía 70 mil pesos por haberse ido más tarde de la casa. «Nos mandó fotos de cosas rotas y no habíamos roto nada, nos pedía una fortuna de plata», contó el entrevistado.

Los chats que la dueña de la vivienda les enviaba a los inquilinos quejándose, tras espiarlos.

Además, recordó que cuando estaban en la casa, la dueña les mandó un mensaje diciéndoles que no tenían que mover las sillas de lugar: las que estaban adentro, debían quedarse adentro. 

«No sabés si tiene grabada las charlas o cámaras, vamos a ver hasta donde queremos llegar», dijo el joven al ser consultado sobre si tomará acciones legales. 

«Fue una anécdota que no nos vamos a olvidar ninguno«, cerró. La historia se volvió viral.

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