“Me ataba con alambres y cadenas a la cama, para que no me escape”

María Santillán tiene 26 años y hace seis años conoció “el resto de la muerte”. En su juventud, conoció a Manuel Díaz, se enamoró de él. Fueron a vivir juntos y desde ese momento su vida cambió para siempre. De las reuniones de amigos, encuentros familiares y salidas para divertirse, la vida de María se convirtió en un verdadero calvario.

María vive junto a sus hijos de seis y dos años en el barrio General Paz. Todo el día está encerrada junto a los menores. Tiene custodia policial las 24 horas y para salir de su hogar tiene que pedir ayuda a sus familiares.

Durante seis años, su vida se convirtió en un calvario de manera progresiva. Golpes, amenazas de muerte, maltratos, hostigamiento físico y abusos sexuales la marcaron.

Mientras señala una cicatriz en el cuello, que fue realizada por una cuchillada de “Quemao” Díaz, María cuenta angustiada y con lágrimas que tiene miedo de “ser asesinada en su casa”. Recuerdo cada una de las cosas que me hizo, Me acuchilló en el cuello, me ató a una silla, me obligó a hacer cosas que no quería y hasta golpeó a mis hijos. Siempre me prometía que iba a cambiar, pero nunca lo hizo. Hoy tengo miedo de que entre por esa puerta y me mate como si nada. Hoy sé que está enojado conmigo porque lo denuncié y es capaz de cualquier cosa”.

“Por las noches me ataba a la cama con alambres y cadenas, porque tenía miedo de que me escape y denuncie todo lo que me hacía. Había veces que llegaba a la casa muy alterado y me golpeaba. Me amenazaba con lo que tenía a mano y me obligaba a hacer lo que él quería. Siento mucho miedo de que venga y me mate, porque ya no sé de lo que es capaz de hacerme”, contó la joven ama de casa, quien cuenta con el apoyo de su familia.

Golpes y amenazas

María recuerda la situación más grave que le tocó vivir en manos de “Quemao” Díaz: “Había salido de la maternidad, donde tuve a mi último hijo. Llegué a la casa y él (por Manuel Díaz) comenzó a golpearme. Me quitó la faja que tenía colocada y comenzó a insultarme”.

Mientras secaba sus lágrimas, la víctima de violencia remarcó que nunca se animó a denunciar a su expareja por las agresiones que sufría porque sentía vergüenza: “La primera vez que lo denuncié, no conté todo lo que estaba pasando porque tenía vergüenza. Tenía miedo de que me haga cosas peores después. Hoy sus abogados me prometieron que no iba a acercarse a mi casa, pero no lo cumple. Ya comenzó a andar rondando por aquí porque manda a gente que vea si estoy o no en la casa”.

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