Lo que sucedió en el Concejo no es un simple desacuerdo político: es una radiografía clara y dolorosa de cómo se ejerce el poder sin escrúpulos en San Cristóbal.
Apenas 24 horas después de posar para la foto y prometer “diálogo y trabajo conjunto”, los concejales oficialistas —que responden al intendente Marcelo Andreychuk— mostraron su verdadera cara. Utilizaron nuevamente el doble voto para congelar un proyecto urgente, que proponía la compra de 500 frazadas y 3.000 kilos de gas envasado para las familias más afectadas por el frío polar.
Tal como anticipó este medio, el llamado al diálogo tuvo un único fin: garantizar el acceso a los 67 millones de pesos gestionados por Michlig y González para la terminal de colectivos y el pavimento del jardín de la Escuela 40. Una vez asegurado ese objetivo, el oficialismo volvió a su libreto habitual: bloquear cualquier iniciativa que no lleve su firma, incluso si está destinada a proteger a los sectores más vulnerables.
La jugada es tan previsible como desalentadora. Desde el discurso se proclama justicia social y sensibilidad, pero en la práctica se aplica un pragmatismo que roza el cinismo, priorizando intereses políticos por sobre las necesidades reales de la comunidad.
Esta situación debería ser un llamado de atención para toda la sociedad: cuando el poder se concentra y el doble voto se convierte en una herramienta recurrente, el diálogo deja de ser una posibilidad real y se transforma en un artilugio para la foto.