Ajuste a mitad de camino, El exceso de gasto y emisión se tornaron insoportables y peligrosos. La consecuencia inevitable fue un salto inflacionario elevado y un preanuncio de posibilidad que el índice anual alcance las tres cifras. En paralelo, el entonces ministro de Economía Martin Guzmán, denostado y presionado por el kirchnerismo, se retiraba mediante un portazo inesperado. Silvina Batakis, casi un suspiro de gestión, no pudo detener la profundización de la crisis. A la jefa Cristina, irascible y ocupada en sus problemas penales, y al atribulado y devaluado presidente Alberto Fernández, a disgusto y sin otra opción, no les quedó más que encomendarse a Sergio Massa para el comando de la economía, por la cercanía al precipicio y el espanto urgía.
Sin plata, con reservas escasas el ajuste, tan temido y resistido y palabra prohibida para el kirchnerismo, se hizo presente y se está llevando a cabo. Y no es menor. Pero no alcanza. Lo que vendrá será fuerte, doloroso y no se descartan incluso, mayores impuestos.
Que se ajuste la política

La racionalidad en el manejo de la economía era inevitable. La dureza recorte va a provocar reacciones sociales. Pero otra vez la política se preservó en perjuicio del pueblo. El recorte, el ajuste, no la tocó, por lo menos hasta ahora. Lo que falta, que no es poco la debería abarcar inexorablemente. Asesores que sobran, contratos de empleo público engrosando la masa estatal incrementados a destajo. Militantes favorecidos introducidos en la planta de ANSES, del PAMI, de AYSA, de Aerolíneas Argentinas, de los medios de comunicación públicos. Gastos sin control en insumos, vehículos, teléfonos celulares en todas las reparticiones, no se han tocado.
Toda esta enumeración, en esta primera etapa quedó inmune. Y hay mucho más en ese sentido para disminuir. Por el contrario, la educación y la salud pública entre otras fueron impáctalas por el recorte. Baradel en la Nación, Correa en Mendoza en silencio ruidoso.
Es imperativo que la política dé el ejemplo, sea la más austera y se limite con convicción y claridad. El pueblo no soporta más ajustes en exclusividad. Si el ejemplo no proviene desde los servidores públicos, desde el propio Estado, el descrédito y la desconfianza que generan en los ciudadanos se incrementará y esa consecuencia agregará mayor daño e incertidumbre sobre la gestión pública. Ya está bastante devaluada.
Tomen conciencia. No queda espacio ni tiempo. Los ciudadanos lo necesitan y demandan. Ajústense por el bien común.



