Otra vez el mismo libreto. El «anonimato» para una canción disfrazada de sátira y los nombres del senador provincial Felipe Michlig y del diputado Marcelo González como blanco.
No es humor. No es arte. No es debate político. Es una operación cobarde.
Porque quien cree tener razones, firma. Quien tiene pruebas, las muestra. Quien tiene propuestas superadoras, las presenta. El anonimato no es valentía: es la confirmación de que no hay argumentos sólidos para sostener lo que se dice.
Los hechos no se tapan con una canción
Se puede estar en desacuerdo. Se puede votar distinto. Se puede militar otro espacio político. Lo que no se puede es negar lo evidente.
En el departamento y en la ciudad de San Cristóbal hay obras concretas:
- Ensanchamiento de tres puentes, incluido el emblemático del arroyo San Antonio.
- La rotonda en la intersección de las Rutas 39 y 34, en un punto históricamente peligroso.
- Jardines de infantes y escuelas construidas o ampliadas.
- Inversión en salud, con aparatología e infraestructura.
- Pavimento y mejoras urbanas en distintas localidades.
- Rutas reparadas en todo el departamento.
- Aportes a clubes, instituciones y eventos que sostienen el tejido social.
Eso no es relato. Es infraestructura. Es seguridad vial. Es educación. Es salud. Es presencia del Estado donde antes había abandono.
Y todas esas gestiones tienen responsables políticos claros: Michlig y González.
La verdad incomoda
Lo que molesta no es una canción. Lo que molesta es que, pese a los ataques, las obras siguen ahí. Que las instituciones siguen recibiendo apoyo. Que los proyectos avanzan.
Se puede cuestionar prioridades. Se puede discutir el rumbo. Pero reducir la gestión territorial a una burla anónima es una falta de respeto a las instituciones que dan fe de cada aporte y a los vecinos que ven los resultados.
Si hay algo mejor, que lo muestren
El desafío es simple: Si alguien cree que puede gestionar más y mejor, que lo demuestre. Que presente proyectos. Que consiga recursos. Que ejecute obras. La política no se mide en canciones virales. Se mide en resultados.
Y en ese terreno, guste o no, Michlig y González tienen hechos concretos para exhibir. al final del día, las canciones pasan. Las obras quedan.















