El acto de apertura de sesiones del período 2025–2026 del Concejo Municipal dejó más decepción que expectativas. La promesa de campaña con la que Marcelo Andreychuk llegó a la intendencia —“vamos a sacar a San Cristóbal adelante”— hoy suena lejana frente a una gestión que no logra mostrar el cambio que se prometió. Entre aquellas palabras que entusiasmaron a muchos vecinos y la realidad que vive la ciudad, la distancia ya resulta imposible de ocultar.
La pregunta que inevitablemente surge es cómo. Porque si el discurso del intendente Marcelo Andreychuk es la hoja de ruta de su gestión, el horizonte parece ser apenas un plan de veredas y un programa de bacheo.
Entonces aparece el dilema: ¿fue pobre el discurso del intendente o es aún más pobre el futuro que se proyecta para San Cristóbal?
Lejos de plantear una planificación estratégica para la ciudad, el mandatario local volvió a insistir en mirar hacia atrás. Un recurso político que ya empieza a sonar repetido, especialmente para quienes confiaron en las promesas de cambio que Andreychuk realizó durante su campaña electoral.
La ciudad real: reclamos, abandono y barrios olvidados
Mientras en los discursos se repiten las explicaciones, la ciudad real ofrece otro panorama.
Vecinos de distintos sectores coinciden en un diagnóstico que se repite cada día: una ciudad sucia, con mantenimiento irregular y barrios que sienten estar librados a su propia suerte.
Las quejas no son nuevas, pero sí cada vez más frecuentes. Lo que se esperaba como una etapa de transformación urbana hoy parece haberse convertido en una gestión que corre detrás de los problemas más básicos.
Cuando las obras desaparecen del discurso
Quizás el dato político más significativo del mensaje del intendente sea la ausencia de anuncios de peso.
En otros tiempos, el debate público en San Cristóbal giraba en torno a obras de infraestructura relevantes para el crecimiento de la ciudad. Hoy, en cambio, el listado de prioridades parece haber quedado reducido a bacheo y veredas.
Incluso una sola cuadra de pavimento financiada con recursos provinciales —que debería haberse terminado hace meses— continúa sin poder concretarse por parte del municipio.
Cuando una gestión que prometía transformación termina celebrando tareas básicas de mantenimiento urbano, la sensación que queda flotando en la comunidad es inevitable: las expectativas de progreso se achicaron al tamaño de un bache.















