Policía atropella a su hija – La situación se ha vuelto un llamado a la reflexión sobre el trato y la seguridad en las calles, la responsabilidad de los conductores y el impacto emocional de los accidentes. A continuación, profundizaremos en los detalles de este trágico incidente y su repercusión en la comunidad.
- El pedido que sorprendió a todos: “No castiguen a la mujer policía”
- Una tarde de juegos que terminó en tragedia
- La carrera al hospital y la batalla por la vida
- Un pronóstico incierto y el deseo de sanación
- Vecinos exigen cambios: “No es la primera vez que circulan así”
- Reflexiones sobre la responsabilidad y la empatía
El pedido que sorprendió a todos: “No castiguen a la mujer policía”
Paola Beatriz Marifil, la madre de Catalina Galceran, se ha convertido en la voz de un dolor colectivo al pedir públicamente que no se castigue a la oficial que atropelló a su hija. En un momento lleno de emoción, Paola expresó: “Lo único que pido es que no castiguen a esa mujer. Si bien fue negligencia lo que cometió, no se movió de al lado de mi hija”.
Su declaración ha resonado en la comunidad, mostrando un enfoque de empatía en medio de su propio sufrimiento. Paola continuó, subrayando que no sirve de nada desearle el mal a la oficial, destacando la humanidad que existe incluso en los momentos más difíciles.
Este tipo de reacciones no son comunes en situaciones similares, lo que ha llevado a muchos a cuestionar cómo enfrentamos la culpa y la responsabilidad en casos de accidentes. La madre, en su testimonio, dejó claro que la vida de su hija era lo más importante, pero también la salud emocional de la oficial involucrada.
Una tarde de juegos que terminó en tragedia
El día del accidente, Catalina se encontraba jugando en su bicicleta en el barrio Los Álamos. La tranquilidad del momento se vio interrumpida por un patrullero que circulaba a alta velocidad y sin sirenas, lo que generó una situación de riesgo que se volvió fatal. En cuestión de segundos, la niña fue embestida, dejando a los testigos y a su madre en estado de shock.
Los testigos afirmaron que el patrullero levantó una nube de polvo al pasar, y que el impacto fue devastador. Catalina quedó en el suelo, inconsciente y convulsionando, mientras los vecinos corrían a su auxilio. Este tipo de incidentes subraya la necesidad de una mayor conciencia sobre la velocidad y la atención al volante, especialmente en áreas residenciales donde juegan niños.
La carrera al hospital y la batalla por la vida
La ambulancia, que tardó casi una hora en llegar al lugar del accidente, generó aún más tensión en la comunidad. La demora es desconcertante, especialmente considerando que la zona estaba llena de patrulleros y agentes motorizados que podrían haber acortado el tiempo de respuesta.
Catalina fue trasladada primero al hospital de Plottier y luego al Hospital Castro Rendón, donde los médicos se enfrentaron a una dura batalla por su vida. La niña sufrió múltiples paros cardíacos y convulsiones constantes, lo que complicó aún más su estado de salud. La cirugía de casi nueve horas fue un proceso desgastante tanto para los médicos como para la familia.
- Cuatro paros cardíacos
- Politraumatismo grave
- Falla multiorgánica
La madre, entre lágrimas, describió las graves lesiones internas que presentaba su hija, incluyendo daños en los pulmones, hígado y riñones. Este escenario conmovedor resalta la fragilidad de la vida y la urgencia de un cambio en las prácticas de seguridad vial.
Un pronóstico incierto y el deseo de sanación
Después de la cirugía, los médicos lograron estabilizar a Catalina, aunque el pronóstico se mantuvo reservado. La madre comentó: “Lo que era más peligroso era el cerebro, porque lo tenía muy inflamado. Ahora no hay nada más para hacer: ella solita y su cuerpo tienen que sanar”. Esta declaración pone de manifiesto la impotencia que sienten los padres en situaciones de emergencia, donde el futuro de sus hijos está en manos de otros.
La evolución del estado de Catalina dependerá de su fortaleza y del apoyo que reciba en el proceso de recuperación. La comunidad entera se ha volcado en apoyo a la familia, mostrando su solidaridad a través de oraciones y mensajes de aliento.
Vecinos exigen cambios: “No es la primera vez que circulan así”
Frente a la comisaría 46, donde se realizó una movilización por parte de los vecinos, las voces se alzaron en reclamo de cambios en la seguridad vial. Una vecina comentó: “Ella (la oficial) ahora es conductora, pero no puede seguir manejando un patrullero. No es la primera vez que anda así”. Este tipo de testimonios resalta la preocupación generalizada sobre la velocidad y comportamiento de los vehículos de emergencia en zonas habitadas.
Un padre del barrio también expresó su preocupación: “Respetamos lo que dice la mamá, pero queremos que esto no pase nunca más. La policía debe cambiar su forma de operar dentro de los barrios”. Las exigencias de la comunidad incluyen mayores controles y entrenamientos para los conductores de patrulleros, con el fin de evitar tragedias similares en el futuro.
Reflexiones sobre la responsabilidad y la empatía
Este caso ha abierto un debate más amplio sobre la necesidad de balancear la empatía y la justicia. Mientras que Paola pide comprensión para la oficial involucrada, muchos en la comunidad sienten que la seguridad debe ser prioritaria. Este dilema plantea preguntas importantes sobre cómo abordamos la culpa y la responsabilidad en situaciones de accidentes.
La historia de Catalina y su madre es un recordatorio de que la vida puede cambiar en un instante, y que la compasión puede surgir incluso en los momentos más oscuros. Mientras la comunidad espera noticias sobre la recuperación de Catalina, todos desean que esta tragedia impulse cambios significativos en las políticas de seguridad vial.












