Pandemia, aislamiento y soledad: ¿cómo influyen en la salud mental?

Tres psicólogos coincidieron en que las constantes cuarentenas influyeron en el deterioro de la salud mental. Es por eso que reivindicaron la importancia de sostener los lazos, aun en tiempos de pandemia.

Desde que el coronavirus irrumpió y las autoridades de todo el mundo tuvieron que decretar aislamientos obligatorios, las consultas por patologías relacionadas a trastornos mentales no paran de crecer. Los especialistas aseguran que la pandemia no sólo tiene y tendrá consecuencias en la economía y la salud física de la población, sino también sobre la salud mental.

Aire Digital habló con la psicóloga Cecilia Nelli sobre esta problemática, quien aseguró que desde que comenzó la pandemia nota un deterioro en la salud mental de las personas. Aunque trabaja mucho con adultos mayores, se percibe un malestar en toda la población. «Somos sociales por naturaleza, necesitamos el lazo social, vincularnos, y el hecho de no tenerlo de la misma manera nos genera mucha angustia, soledad, sobre todo en las personas que viven solas», aseguró.

La psicóloga Laila Tomas brindó su mirada sobre el tema en conversación con Aire Digital, y coincidió con Nelli en que en su consultorio se multiplicaron las consultas por trastornos emocionales y anímicos. «Aumentó la cantidad de pacientes ya que muchas personas necesitaron empezar terapia, y en los que ya venían desde antes noté que experimentaron distintos tipos de trastornos como ataques de pánico, estrés agudo y depresión», dijo.

Aire Digital habló con los psicólogos Maximiliano Mó, Laila Tomas y Cecilia Nelli sobre la soledad como consecuencia de la pandemia, y cómo influye en la salud mental.

Aire Digital habló con los psicólogos Maximiliano Mó, Laila Tomas y Cecilia Nelli sobre la soledad como consecuencia de la pandemia, y cómo influye en la salud mental.

Para ella esto se debe a que «la pandemia nos puso de cara a situaciones que no queríamos vivir, que antes podíamos nivelar y salir para afuera, pero ahora nos tuvimos que quedar adentro».

Nelli consideró que el aislamiento traerá consecuencias emocionales a futuro en muchas personas, y que cada uno lo va a expresar mediante diferentes síntomas. Sin embargó aclaró que no todas las personas tendrán estos trastornos, ya que el motivo no es la pandemia en sí, sino la predisposición de cada persona a padecerlo. «A esto que estamos viviendo cada uno lo actualiza de diferente manera, en función de la historia personal y las herramientas que se tengan para afrontarlo: no todos vamos a tener depresión y ataques de pánico, pero hoy se ven muchas consultas debido a que la soledad activan este tipo de síntomas», dijo.

Para el psicólogo Maximiliano Mó, quien también habló con Aire Digital, la asimilación de la soledad en el aislamiento depende de cómo responde cada uno y las vivencias son singulares. El profesional notó que en algunos de sus pacientes el hacer una experiencia distinta del tiempo y el espacio les pareció interesante: «Hay quienes se llevan muy bien con estar solos, y lo vieron como una ocasión para redescubrir sus intereses», explicó.

Pero hay otras personas para las cuales la soledad les resulta dramática. Al respecto, aseguró que «en quienes lo viven así, la angustia se incrementa y estar solo con uno mismo puede ser insoportable. Cada uno hace una experiencia propia de eso, aunque sin dudas que este contexto sostenido durante casi un año y medio trajo efectos y la vida ya no es como era».

Aumento del consumo de drogas

Otro dato preocupante que deja el aislamiento se relaciona con un aumento en el consumo de alcohol y drogas. Para Tomas, «sin dudas que los hábitos saludables se vieron bastante interrumpidos, y se incrementaron los hábitos de mayor consumo de alcohol y otras sustancias. A esto también se agregó que las actividades físicas estuvieron prohibidas, por lo que se notó un mayor índice de sobrepeso», dijo.

Nelli concordó con esta visión, y aseguró que «se vio mucho el aumento de consumo de sustancias y de distintos tipos de adicciones, como por ejemplo al uso de psicofármacos«. Esto es un gran problema, consideró, «porque lo que se hace es tapar la angustia y no se resuelve nada si no va de la mano con un tratamiento adecuado».

Respecto del consumo de alcohol, notó que a su consultorio llegaron muchos pacientes que tienen familiares con estas patologías, y en esta época se acrecentaron mucho más por el encierro, la soledad, y la angustia. Mó explicó que en algunos casos notó este aumento también cuando la incertidumbre o el quedarse a solas para la persona resulta insoportable, entonces apela al consumo para apaciguar, transitar, desangustiar. Pero también advirtió que en otras personas que tenían un circuito de consumo más social (en bares y salidas), suspender el circuito permitió reducirlo.

La soledad en los adultos mayores

Nelli explicó que muchas personas mayores que quedaron imposibilitadas de juntarse con la familia, de recibir visitas, quedaron incomunicadas. Además fueron las últimas en sumarse a las actividades recreativas. Tomas coincidió en que «ellos están más relacionados a la forma de comunicarse presencialmente y lo sufrieron mucho por ese lado. Cuando el aislamiento coincidió con incomunicación, fue peor que para los que se comunicaron de forma digital». Pero de todas formas, perder la espontaneidad y la libertad en las relaciones interfiere en el sistema emocional. «A todos nos sabe a poco en relación a lo que estábamos acostumbrados», dijo.

En este contexto, muchas personas tuvieron el desafío de adaptarse a nuevos métodos tecnológicos, de aprender a usar las videollamadas, las redes sociales y lograron amoldarse. Mó aseguró que en muchas ocasiones, la pandemia significó nuevos modos de relacionarse. «La situación nos obligó a inventar nuevas formas de moverse, de subsistir. No fue nada fácil, pero en algunos casos también permitió el surgimiento de respuestas interesantes», explicó.

Nelli aseguró que es necesario estimular a la sociedad a que puedan estar en contacto con esas personas que saben que viven solas:

Nelli aseguró que es necesario estimular a la sociedad a que puedan estar en contacto con esas personas que saben que viven solas: «tener esos gestos con la gente mayor es algo muy importante, porque de esto nadie sale solo y todos nos necesitamos», dijo.

A lo largo de este año y medio de pandemia, hubo situaciones de mucho drama e incertidumbre, y es ahí donde se vuelve fundamental el gesto que denota la presencia de un familiar. En este sentido, Nelli aseguró que es necesario estimular a la sociedad a que puedan estar en contacto con esas personas que saben que viven solas: «Tener esos gestos con la gente mayor es algo muy importante, porque de esto nadie sale solo y todos nos necesitamos», opinó.

Al respecto, Mó aseguró que «cuando la persona está a solas sin posibilidad de realojarse en algún lazo donde pueda ser escuchada, reconocida, esperada, puede incidir en algunas cuestiones de salud, aunque no es una regla. Pero sin dudas que puede incrementar la sensación de vulnerabilidad, de fragilidad, y en ese punto puede afectar la vivencia de cuerpo».

La importancia de los lazos

En este contexto de pandemia, los lazos tienen que amortiguar, sostener, y permitir hacer de esto una experiencia vivible. Más allá de la cara dramática que existe, también hay un lado B, el que despertó modos de responder que incluso no se sabía que existían. «La soledad puede confrontarnos a un desamparo y a dejarnos caer, o también puede ser la ocasión de apropiarnos de ella y ver qué hacemos con eso», dijo Mó.

La soledad interpela de un modo inquietante, puede ser por la angustia o por el deseo de sobrevivir. La mejor opción probablemente sea apropiarse de eso para generar algo nuevo. En general, los lazos sostienen a las personas, permiten sentirse alojados, paliar las incertidumbres de la vida y el propio ser. Y es en ese sentido que el aislamiento físico no necesariamente fue un distanciamiento en lo espiritual, en algunos casos fue un acercamiento aunque sea desde lo digital.

El aislamiento físico no necesariamente fue un distanciamiento en lo espiritual, en algunos casos fue un acercamiento aunque sea desde lo digital.

El aislamiento físico no necesariamente fue un distanciamiento en lo espiritual, en algunos casos fue un acercamiento aunque sea desde lo digital.

La soledad interpela y convoca a ver qué se hace con eso, y cómo responde cada uno. El trasfondo pandémico actual puede ser en el peor de los casos un encierro dramático y en el mejor una oportunidad para interrogar la vida, el habitar, la condición humana. Y en ese caso tal vez puede generar la novedad.

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