Dejan la ciudad el padre Lucas Pessot y el padre Miguel Cerminato, en el marco de un proceso diocesano habitual que suele concretarse tras períodos de aproximadamente seis años, o cuando el obispo considera necesarios cambios por razones pastorales, personales o comunitarias.
Nuevo destino para el Padre Lucas Pessot
El padre Lucas, quien estuvo siete años como párroco en San Cristóbal, fue designado por el obispo para servir en la Parroquia San Pedro – Santa Josefa de Rafaela.

Será su octava parroquia, luego de una trayectoria marcada por distintos destinos. El sacerdote destacó que los cambios forman parte del servicio pastoral y que cada traslado implica nuevos desafíos, experiencias y vínculos.
San Cristóbal fue su primera experiencia como párroco, donde —según relató— vivió un proceso de aprendizaje y adaptación, tanto personal como comunitario.
El traslado del Padre Miguel Cerminato
Por su parte, el padre Miguel Cerminato cumplió un año como vicario en la parroquia local. Con 39 años de sacerdocio, señaló que fue su primera experiencia en ese rol, luego de haber sido mayormente párroco a lo largo de su ministerio.
Ahora fue designado en la localidad de San Vicente, comunidad en la que ya había servido anteriormente. Destacó la riqueza del trabajo compartido y el valor de adaptarse a cada nueva misión pastoral.
Asume el Padre Daniel Ferrero
El nuevo párroco de la comunidad será Daniel Ferrero, quien venía desempeñándose en la localidad de Soledad y ya había estado en San Cristóbal entre 2009 y 2013 como vicario.
Nacido en Santa Clara de Saguier, tiene 60 años y es contador de profesión. Según manifestó, asume esta nueva etapa con expectativas y desafíos renovados, destacando que la realidad actual es distinta a la que vivió en su paso anterior por la ciudad.
Desde la comunidad señalaron que cada cambio pastoral representa una nueva oportunidad para fortalecer la vida parroquial y continuar el camino de fe con renovado compromiso.















