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Andreychuk, sin rumbo: traición, desesperación política y una gestión en crisis

En apenas 20 meses, el intendente de San Cristóbal acumuló deudas, aumentó impuestos de manera desmedida y ahora busca desesperadamente un nuevo espacio político, abandonando al peronismo local.

SCaldia
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La imagen que circula desde Rosario lo dice todo: Marcelo Andreychuk, intendente de San Cristóbal, sentado junto al gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, en una reunión donde varios jefes municipales santafesinos que reniegan del PJ provincial exploran alianzas para las próximas elecciones. Entre las opciones, no descartan sumarse a Provincias Unidas, que postularía a la vicegobernadora Gisela Scaglia.

No está mal que Andreychuk aparezca en una foto con Llaryora —pertenecen al mismo espacio político—, lo que queda en evidencia es que el intendente ve allí una oportunidad para acercarse al gobierno de Maximiliano Pullaro en busca de salvar su gestión. Una posibilidad que tanto él como su aliado, el gremialista Sergio Sasia, nunca lograron concretar. El saldo para San Cristóbal es claro: calles detonadas y una superpoblación de empleados municipales afines al peronismo, sin mejoras reales para los vecinos.

De la lealtad peronista al seguidismo gremial

El propio Andreychuk ha dicho públicamente que su espacio le debe lealtad únicamente a Sasia. Esa declaración, sumada a sus movimientos recientes, abre la puerta a un alineamiento con el pullarismo santafesino, rompiendo con la conducción justicialista provincial.

Esta jugada no es un gesto de estrategia política, sino un manotazo de ahogado: su administración enfrenta serios inconvenientes económicos, con salarios pagados con retraso y deudas a proveedores que se acumulan mes a mes.

Impuestos por las nubes, gestión por el suelo

En apenas 20 meses, el intendente aumentó dos veces los impuestos municipales de manera desproporcionada, golpeando el bolsillo de los vecinos en un contexto económico ya difícil. Pese a ello, la ciudad no ve mejoras sustanciales en obras, servicios ni políticas públicas claras.

Mientras San Cristóbal espera soluciones concretas, Andreychuk parece más preocupado por acomodarse en una foto y un plato de comida con figuras políticas de otras provincias que por ordenar las cuentas y dar respuestas a la comunidad que lo eligió.

Pidiendo auxilio a quienes atacó

En este contexto, y luego de continuas chicanas políticas hacia los legisladores provinciales Felipe Michlig y Marcelo González, el propio Andreychuk terminó pidiendo ayuda a esos mismos dirigentes. La respuesta fue contundente: más de 250 millones de pesos para obras de bacheo y cordón cuneta, la compra de una barredora aspiradora y la instalación de cámaras de seguridad.

Un dato que deja en evidencia —pese a quien le pese— que ni Michlig ni González abandonan a la ciudad de San Cristóbal, como intentaron instalar desde el Municipio y el Concejo el propio Andreychuk y su gente.

Un proyecto sin norte

La gestión de Andreychuk carece de rumbo y sus últimas movidas lo confirman: no hay un plan de desarrollo para San Cristóbal, no hay política de crecimiento local y no hay coherencia ideológica. Solo hay oportunismo político, en un intento desesperado por sobrevivir en el tablero electoral.

No es un movimiento inocente: es la postal de un intendente dispuesto a subastar su camiseta política al mejor postor, licuando sus convicciones y dejando en la banquina a quienes lo ungieron bajo las banderas del peronismo. La lealtad, para él, fue apenas un eslogan de campaña; hoy, la traición a su propio espacio es la única coherencia que su gestión exhibe, alimentada por la desesperación y la asfixia económica que él mismo generó.

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