El gobernador Maximiliano Pullaro y la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, confirmaron que el ataque ocurrido en la Escuela Nº 40 de San Cristóbal no fue un hecho aislado ni producto de bullying, sino que está vinculado a subculturas digitales violentas de alcance global.
Durante una conferencia, destacaron el trabajo conjunto entre fuerzas provinciales y federales, el Ministerio Público de la Acusación y la Justicia Federal, lo que permitió avanzar en una línea investigativa más compleja.
La conexión con la “True Crime Community”
Según detallaron, el autor del ataque participaba en una red conocida como TCC (True Crime Community), una subcultura digital que glorifica hechos violentos y, en algunos casos, impulsa su imitación, especialmente en entornos escolares.

Pullaro fue contundente al afirmar que el joven “no tuvo un brote psicótico ni había sido víctima de bullying”, sino que estaba influenciado por este fenómeno emergente que trasciende fronteras y plantea nuevos desafíos para el Estado.
Un fenómeno que crece en Argentina
Por su parte, Monteoliva advirtió que no se trata de un caso aislado. En el país ya se detectaron 15 hechos vinculados a estas comunidades digitales, mientras que otros 4 permanecen bajo investigación.
La ministra explicó que estos espacios virtuales reúnen a adolescentes en torno a la fascinación por la violencia extrema, lo que obliga a pensar en estrategias de prevención que involucren a familias, escuelas y la sociedad en su conjunto.
Cómo operan estas comunidades
Desde la investigación se detalló que estas redes son transnacionales, descentralizadas y operan en plataformas cerradas, donde los usuarios comparten contenido, simbología y referencias ligadas a ataques violentos.
A partir del análisis forense de dispositivos, se logró establecer vínculos entre los involucrados, lo que permitió avanzar en nuevas medidas judiciales.
Además, se detectaron conexiones con otros grupos digitales de riesgo, como los llamados “incels”, lo que refuerza la hipótesis de que se trata de entornos virtuales que pueden derivar en conductas extremas.
Un desafío para toda la sociedad
Las autoridades coincidieron en que este tipo de casos exige un abordaje integral, no solo desde lo judicial, sino también desde la prevención y la educación.
El objetivo ahora es visibilizar el fenómeno y generar herramientas que permitan detectar a tiempo estas conductas, en un contexto donde la violencia digital puede tener consecuencias reales y devastadoras.















